Desde su incertidumbre un perdido vagabundo mira el mar, su mente agotada aún contiende y con bravura desafía al destino; su desesperanza de amor a nadie inquieta, y el poco afecto que tiene recibido nunca a pleno ha sido. Él simplemente desea serenidad, revivir y amar.

Con él nadie conspira. Su gente más cercana lo niega en sociedad, su compañía no es aconsejable, y su redil permanece desierto; su alma sin luz está, su mente cavila muy cerca del vacío ancestral. Toda adversidad lo aborda: ora penumbra, ora hambre, ora frío, y nadie a quien amar.

El vagabundo ha recorrido desacertadas sendas…honrando frutos de perfidias viejas. Hoy se pregunta qué hacer, qué decir y a quién recurrir, si a su razón no le caben insidias…y en su alma aún le quedan nobles esperanzas de volver a amar.

Dicen que Dios vela, ampara y ayuda, pero de este vagabundo Él se ha preservado con verdadero celo. Este caminante no comprende el idioma celestial, ni sus códigos, ni su modo, y, menos aún, su ausencia eterna. Inmerecidamente la desolación lo acosa y la indiferencia del mundo lo aterra; todo lo abruma en su existencia.

El vagabundo, cansado de lidiar con sus penas, en una breve introspección se reencuentra a sí mismo; entonces, portando razón, sentimientos y coraje, a viva voz al mundo le dice:

Si desvié mis pasos transitaré un nuevo camino. Si mala huella dejé o determinada ruta marré, ha sido por mi errada formación de cuna y a causa de haberme dejado llevar por aquellos susurros de viejos sueños, esas antiguas leyendas que predicen sobre las bondades que la Humanidad les tiene reservadas a quienes, a puro coraje, desean amar sin límites.

En busca de tales indulgencias a mi vida la transité sin brújula, utilizando para ello mi intuición y mis mejores presentimientos,…obré a mano extendida y a corazón abierto; desde aquel remoto tiempo vagabundeé por senderos inapropiados, y sé que, con libertad, osadía y escaso dinero, varios gustos en amor me he dado, entretanto profanaba fértiles sábanas y cielos de terciopelo.

Mar, hoy te pregunto qué ha sido del cenit pasional, en qué remoto lugar se encuentra el punto de apogeo histórico presagiado por los eternos maestros, cuando la fugaz estrella no sirve de guía ni tampoco avisador tiene el firmamento. Cómo debe hacer uno para andar su camino esquivando todo yerro.

Verán. No sin gran pena cito mis andanzas y desventuras desde un pasado con severos lamentos. Si en otro tiempo yo con mi esperanza idee el puente cimiente del amor, y ciego caminé por erradas sendas, ahora quiero volver a esos presagios de ensueño donde una ruta cercana, aviesa, difusa y al azar, nuevamente está al caer delante de mí devolviéndome, en un próximo amanecer, el fruto imberbe y de dudosa lealtad de mi inconsciente, otrora hacedor de mis grandes laceraciones.

Siento que la tempestad en mí otra vez comienza, mi zozobra se bate al ritmo del furor de las olas. El mar a mí me observa ahora, mientras el Universo atesora haber visto una vez más mi lozano intento, aspiración que todavía, angustiado y dolido, aquí yo persigo sin poder desvelar aún mi gran sueño: vivir sin penumbras, sin hambre y sin frío,…y con un ser amado, hasta el mismísimo infinito.

Oscar


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© Publicado en Zapopan, Jalisco. México (noviembre 7, 2017) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.