El Universo merece una mirada especial, precede a la Humanidad en el tiempo, constantemente se expande a gran velocidad y su código secreto despierta la curiosidad; en él, la vida es puro misterio y ambigüedad. En esta ocasión, la clave de reflexión está en echarle un vistazo al firmamento con amplitud de criterio, dejar volar la imaginación y actuar con plena libertad; luego, simplemente bastará decir lo sucedido con naturalidad y determinado celo, expresando la propia experiencia:

Cuando observo el conjunto de todas las cosas creadas que circunda a este mundo supongo que la extensión infinita que contiene la materia existente es anterior al origen de la vida en este planeta, motivo que a la vez me hace deducir que, mientras la Humanidad no descubra causas naturales diferentes a las halladas hasta ahora sobre el Universo, la vida del Hombre depende de un principio funcional del espacio infinito, y los constituyentes que integran su recurrente generación sobre la Tierra son parte de las mismas sustancias que el Cosmos contiene, una totalidad que conmueve a los seres vivos y también les expresa su perdurable entidad merced al permanente cambio que esgrime, una acción singular que consigue su inalterable expansión, ese movimiento constante que, al menos hasta este aquí y ahora, consecuentemente motiva su evolución y recreación de forma infinita.

Esta línea reflexiva invita a mi espíritu libre a participar de esta evidencia sintiéndome un simple reflejo de una realidad superior y distanciado del materialismo, a tal extremo de considerarme ser un microcosmos que habita un universo humano ocasional mediante el cual me insinúo a los demás como una totalidad emergente de un cáliz diferenciado, plena de aflicciones y regocijos; copa especial que abraza mi persona y me propone percibir a la incertidumbre como fuerza motriz del destino, al cosmos como maestro, al silencio como recurso del saber, y a la naturaleza como procuradora de las oportunidades que esta vida le concede a mi ser para crecer, madurar y recrearse conveniente.

Mi existencia, hoy alineada con las circunstancias, merece entonces nutrirse de una conciencia despierta y enfocada en las acciones y sucesos que percibo; cada movimiento interno o externo cuenta, pues siempre germina, madura y prevalece en mí sin esfuerzo, sin perjuicio que la libertad de mis intenciones resulte contraria o favorable al respecto.

Al prestar mayor atención a mis necesidades cotidianas aprovecho mejor las bondades que la naturaleza provee; suceso noble que se obtiene con mayor coordinación perceptiva y habilidad suficiente de desempeño. Empero debo entrenarme asiduamente si quiero abordar mis más preciados anhelos, pues la vida es breve, muy breve como para distraerme en obras infructuosas o contrarias al proceso evolutivo que realmente deseo por el hecho de ser parte del Universo.

Sí las ambiciones personales son confiables al propio discernimiento, las técnicas de auto-cultivo (sin necesidad de anclajes doctrinarios) son un recurso eficaz para satisfacer los diversos aspectos del cuerpo, el alma y el espíritu. Para ello es prioridad ocuparse de tal proceso individual sin temor a fracasar dejando de lado los rasgos sombríos, identificando con exactitud los deseos más íntimos para luego esparcirlos sobre el Universo con máxima autoridad y precisión a instancias de cosechar buenos resultados, emulando así las exigencias y las certezas que recurrentemente el Cosmos le presume al mundo sobre su refinada forma de trascender indefinidamente.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (agosto 30, 2017) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.