El telón del teatro Solís*, quizá como otros cortinados culturales, despierta escasa importancia en la gente que lo observa; sin embargo, entre sus pliegues éste conserva cualidades mágicas, reveladoras y sutiles que las personas distraídas rara vez advierten. Bondades, éstas, que me invitan a comentárselas detalladamente al lector en las siguientes líneas. El Telón tiene esencia, espíritu colectivo, es intérprete del comportamiento de la humanidad y suele soplarlo sutilmente a los cuatro vientos. A los merodeadores de las artes escénicas, agudamente les anuncia el significado real de sus apariencias. Su excelencia estética es inimaginable, amigable y muy discreta; su aspecto íntimo conserva el secretismo humano que moviliza al mundo, mientras, su inadvertida actitud, desafía al paradigma espacio-tiempo. El montaje teatral y el arte integrador que contienen las óperas, esos espectáculos fascinantes considerados la expresión máxima de las artes escénicas, sus hacedores, los espectadores y los lados del lienzo en...