La vida es una obra de teatro donde los seres vivos somos los actores invitados y la naturaleza compone y dirige la coreografía oportuna. Ambas partes forjan las caras circunstanciales de una divisa extranjera indivisible, una moneda global corriente de cuño eventual y tiempo de expiración contiguo.  Cuando la mayoría de los involucrados en esta historia cumple acabadamente su rol específico sin muestras de egoísmo personal y en aras del bien del reparto colectivo en cuestión, tal ficción supera la realidad malsana, transformándola en la mejor comedia de capa y espada representada aún. En cambio si los personajes llamados a escena despilfarran las bondades de la coreografía bien habida y no cumplen acabadamente con su rol distinguido de época, la obra en cuestión podría resultar un drama de escenas chocantes, tensas y hasta terroríficas que despierte miedo súbito e intenso en sus intérpretes y el público en general, llevándolos,...