Aún hay muchas cosas por hacer en nuestra sociedad, acciones diferidas por la humanidad que retardan su desarrollo y sesgan su libertad; decidir si vale la pena continuar merced a condicionamientos doctrinarios mediocres o sustituirlos hasta lograr la emancipación real, es un reto que la ciudadanía en general continúa sin resolver. Las instituciones estatales, religiosas y gubernamentales si bien ejercen actividades diferentes, generalmente sostienen un frente común ante la sociedad en determinados sucesos sociales, actuando políticamente al unísono como una terna de regímenes acordados que, presentes en la mayoría de las naciones, gravan excesiva y permanentemente las vidas humanas. El eje principal de tal cofradía, garantista de inequidades y perturbaciones, desde su campo de acción y dominio le impone al público en general un orden opresor, un método pulido a fuerza de particulares intereses y miserias corporativas, un modo singularmente palidecido que suele hacer gala pública desde rostros ocultos,...