“Sin demasiado resultado, los síndromes patógenos en el cuerpo de una sociedad civilizada se tratan de remediar mediante principios doctrinarios defendidos por movimientos religiosos, ideológicos o políticos; sin embargo, la mayoría de esos síntomas sociales crónicos alcanzarían su mínima expresión si normalmente la ciudadanía abordara la plenitud y nobleza de su espíritu,…y practicara más su amor al prójimo”....