Tú eres sombra, yo soy herida; ambos descubriremos y podremos resolver penosas penumbras en la vida terrena, diferencias de convivencia que suelen ocultarse a la conciencia sesgando la paz interior y la armonía para comprendernos mutuamente. La acción no pasa por cambiar las apariencias que exhibimos sino por culturizar la parte del alma que poseemos aún subdesarrollada y cuyo núcleo nos invita a mejorar realizando la mudanza evolutiva interna apropiada, un sentimiento natural y emergente de la contienda tenaz que sostiene nuestra ánima con nuestro propio ego. Cuanto más profundo vamos en este campo interior, más se ajusta a la realidad nuestra figura externa; dejamos de ser una silueta clásica de confrontación. Somos espíritus libres en busca de la concordia perdurable utilizando al género humano como medio de realización, aunque paradojicamente a veces no contamos con la suficiente entereza para reconocer nuestro generoso destino. Tenemos libre albedrío para desenvolvernos...