Soy un poblador más de esta ciudad cosmopolita, mis ansias de dar le regalan al medio que me rodea amor, silencio, oxígeno y simientes por doquier. Soy joven, frondoso y poseo hojas verdes matizadas en mis brazos. Mis raíces sostienen veinte metros con delicado esfuerzo, y mi cuerpo aún continúa en permanente evolución.  Periódicamente, cierta fraternidad socava mi perdurabilidad natural; sin pausa, ella me acorrala y me asfixia usurariamente con sus malos humores e irreverente codicia, mientras su parloteo cansino me anuncia sus atrevidas intenciones depredadoras. A dicha sed devastadora, últimamente también se suma la visita de ciertos personajes al parque que habito, pertrechados con cascos, mamelucos, aceros afilados, cuerdas gruesas y cadenas dentadas; toda utilería pendenciera procuradora de exterminio, horror y muerte. En contados días, quizá yo seré puesto de rodillas, primero,…y reducido a astillas, después.  Oportunamente esta condena terminal me llevó a indagar más sobre la viabilidad...