Este año un virus ha postrado a los seres humanos, su futuro se ve cubierto de fango. Sobre el escenario los tres sectores de la economía batallan por sobrevivir, el horizonte del mundo permanece en estado sombrío, el sol de la esperanza en un nuevo día sin pandemia aún no amanece, la incertidumbre reina en la Tierra y los preocupados reflexionan minuciosamente sobre su propio devenir. Y por si no alcanzase semejante haber, a él se suman las diferencias singulares entre la versión oficial de los hechos y la que dicta la ciencia aplicada, agregándose, al desaliento de la sociedad en general, un manto de sospechas cargado de miedo, angustia y miseria. La agenda política, más el recurso abusivo de los gobernantes propensos a esgrimir la ley del poder, en vez de valerse del uso debido (y aconsejable) del poder de la ley, más el ejercicio inquietante del estado...