La mayoría de las democracias establecidas en el mundo, hoy manifiestan cierta intromisión permanente del Estado sobre los actos de la ciudadanía que van más allá de la prudencia indicada para este tipo de sistema político. Los gobernantes avanzan día a día para controlar todo lo que esté a su alcance, avasallando los intereses particulares de los individuos (privacidad, obligaciones de información, bancarización, control de comunicaciones, movimiento o tránsito, etc.). Por su parte, la sociedad no termina de reaccionar ante estos hechos, sometiéndose así a los caprichos del poder de turno perdiendo la libertad de acción que siempre debe gozar de manera sustentable y permanente. Esta problemática actual demanda una solución importante a corto plazo, pues en el pasado, cada vez que la sociedad ha aceptado que su privacidad fuera alterada por el Estado, rara vez los ciudadanos han podido volver las cosas a su debido lugar. En la...