Cierta vez, un investigador decidió experimentar con su adiestrada araña de cueva africana: Animalia. Él suponía que los arácnidos no solamente estaban sujetos a su vista y tacto. Decidido en estos temas y en busca de buenos resultados, hurgó en la base de la covacha de la araña y la atrapó; tras unos breves instantes la colocó sobre uno de los vértices de una pequeña mesa, y desde su extremo opuesto la indujo para que avanzara. Ella, pausadamente fue hacia el experimentador, y él inmediatamente la tomó y le amputo una de sus extremidades sin más… Luego, continuando con la misma rutina, la araña volvió a ir hacia él, quien, otra vez y sin miramiento alguno le cortó otra de sus patas y repitió la experiencia. El artrópodo caminó con cierta dificultad hacia el experto una y otra…y otra vez más, siempre obedeciendo mansamente. Por fin, el científico decidió...