En algunos países de Latinoamérica los sistemas penitenciarios merecen modificarse en aras de los derechos humanos, sociales y políticos. Ésta es una asignatura pendiente que aún adeudan la población y sus representantes en la región. “Soy malo porque soy infeliz” -dice Frankenstein, en la novela gótica de Mary Shelley. “El hombre es bueno por naturaleza” -expresó en su tiempo el filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau-; de este modo puede interpretarse que el personaje Frankenstein, después de recibir la vida, sesga su inocencia natural al entrar en contacto con la sociedad humana que lo desprecia y ofende por puro prejuicio, dado su aspecto físico.  Ciertos rasgos de la sociedad en general: indigencia, personas sin techo, drogas, incertidumbre, desigualdad, inequidad, familia conflictiva, crisis, afán consumista y malos tratos, entre otros, procuran un ambiente negativoque invita a determinadas personas a no cumplir la Ley. Los efectos de la desesperación y la marginalidad potenciados por la avaricia...