Un dirigente patético es aquel capaz de conmover profundamente y agitar el ánimo de la gente con violencia. Al cabo, cuando termina siendo elegido por la población por falta de opciones, llega al poder como una consecuencia inevitable merced a la incertidumbre o al hartazgo que la mayoría de un pueblo siente sobre su clase política actual. Su consecuencia, la situación embarga la vanidad y el ego del elegido, despertándose en él un comportamiento despótico, irrealista y de escasos límites; luego, su falta de méritos y sus sin razones comienzan a sesgar su popularidad, su liderazgo fracasa, y su desesperación por permanecer entronizado se agudiza, al punto de provocar su mejor destello populista; él necesita evitar despeñarse desde la cima, desea reconquistar a toda costa a la masa que ha comenzado a retirarle su apoyo, un precio muy alto que la sociedad en general estará obligada a pagar. Empero...