Las reglas autoritarias tienen el mismo efecto que las tormentas sobre las personas y el medio ambiente: impregnan temor, obstaculizan la visión, complican la respiración, deterioran la apariencia, derriban estructuras, usurpan vidas, despojan de bienes, producen deslaves, rebalsan la capacidad de tolerancia, concentran la grasa, embarran el campo, acaban con la vida, derriban los frutos, vivifican las malas hierbas.  Por el contrario la menudas gotas de una llovizna, al igual que los derechos humanos, sociales y políticos benefician a la sociedad, pues aunque contienen el mismo zumo de las tormentas su deslizamiento sobre el medio y la gente los favorece: mitigan la sequedad de la tierra, hidratan la piel, limpian poros, quitan impurezas, estimulan la circulación, eliminan las sustancias tóxicas, purifican el aire, mejoran la salud, bajan los niveles de corrupción ambiental, regulan la temperatura, eliminan tensiones, refrescan las estructuras, animan la vida. Cuando un gobernante de turno echa mano a...