Las políticas de inclusión no consolidadas, la burocracia institucional y sus protocolos, la desigualdad de oportunidades y la falta de comunicación a la población en general, sumadas al comportamiento de la ciudadanía, en Latinoamérica hacen que la puesta en marcha de un sistema de identificación civil eficiente continúe demorándose en tiempo y forma, a pesar de la aparente preocupación e interés que los países involucrados en este tema han expresado, al menos, en las últimas dos décadas.

En los años transcurridos de este siglo, exceptuando unas pocas naciones, en la región han gobernado diferentes tendencias políticas, un abanico de colores que en dicho lapso dejó un resultado levemente positivo en cuestiones de identificación. Ámbito donde, precisamente, hay aún un trecho importante por andar: partidas presupuestarias adecuadas, aplicación de tecnologías que respeten los derechos y la privacidad de la gente, políticas sociales y metas humanísticas eficientes. 

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas (UNICEF), entre otros, periódicamente les acercan a las instituciones domésticas propuestas de cambio y metas para optimizar los sistemas de identificación.

Estados y organizaciones internacionales, en los últimos veinte años han tomado caminos sinuosos persiguiendo un sistema de dominio, carente de prioridades humanitarias y privacidad, pues éste transforma los derechos de la gente en condicionamientos sin garantías de libertad. En vez de responder a las necesidades de la población: trata de seres vivos, secuestros, desapariciones y derechos humanos, procura ficción jurídica, posesión, mercantilismo y servidumbre.

En la publicación de UNICEF de 2019 ¿Qué es el registro del nacimiento y por qué es importante?, su autor Leah Selim expresa “la existencia de 166 millones de niños sin registrar en los países subdesarrollados, y en el mundo, 237 millones de menores de 5 años no disponen de un certificado de nacimiento. Las razones de no inscribir dichos nacimientos son varias, entre ellas, la falta de medios institucionales y de recursos individuales. El 75% de los menores de 5 años están registrados, mientras que en el año 2000 sólo lo estaba el 60%. Para el año 2030 podría lograrse el registro universal de los nacimientos, siempre que la inversión y el compromiso adecuados así lo permitan”.

También en 2019 el BID, en la publicación “Registros Civiles y oficinas de identificación”, Estefanía Calderon detalla -cuantitativa y cualitativamente- la situación actualizada de 20 países de la región, citando que, “a diferencia de otras zonas, Latinoamérica y el Caribe han adecuado sus políticas y programas de registro, contando ahora con un sistema nacional de identidad”. 

Indudablemente ambas instituciones -BID y UNICEF-, al menos en estos informes manifiestan sumo interés por conquistar en una plazo de 10 años su meta final: la inclusión de todas las personas en un registro de identificación universal. ¿Es casualidad o causalidad que la meta marcada por estas organizaciones coincida con la agenda 2030 programada por el Foro Económico Mundial?

Supuestamente las naciones y las organizaciones internacionales están involucrados en esta problemática para evitar la exclusión social, ellas dicen que un sistema de identificación óptimo les permitiría elaborar estadísticas y políticas públicas adecuadas, entre otras razones. ¿Será cierta tal argumentación?…pues también podría tratarse de obtener mayor rédito para sus corporaciones. ¿Por qué actualmente y por diferentes vías el sector gobernante le está insinuando a la población que legislará para incluir en los sistemas de identificación el principal constituyente de su material genético, su ADN?

Este último punto, sumado a los procesos de documentación “sugeridos” por las instituciones ya citadas, contiene una zona gris que merece ser despejada: la diferencia entre la ficción argumentativa, ejercida por los funcionarios de turno para facilitar un control dominante sobre la población, y las verdaderas premisas que deberían implementarse para darle a la gente la seguridad y la protección que sus datos de filiación merecen.

Si los medios utilizados al presente en este tipo de sistemas contienen: fotografía, impresiones digitales, ciertos rastros biométricos y demás formalidades, y a la postre resultan ser insuficientes para evitar la trata de , el robo de identidad, los secuestros, el acceso a la herencia, etc., según sus mismos promotores; ¿a caso aquellos que están a cargo de dichos sistemas no deberían agregar en estos el reconocimiento del iris porque tiene mayor exactitud que las huellas dactilares? Pues de esta manera superarían seis veces su eficiencia actual y evitarían, al mismo tiempo, la implementación de métodos invasores de la propiedad privada, tal como resulta imponerle a la población una ley para adueñarse y registrar los derechos de su ADN.

Así las cosas, quizá resulte interesante que la gente reflexione sobre el particular y resuelva en consecuencia, priorizando sus propias necesidades sobre las imposiciones recurrentes del Estado, evitándose de esta forma que cualquier organismo -nacional y/o internacional-, vulnere sus libertades y derechos universales mediante reglas de juego impositivas y arbitrarias.

La razón colectiva debería imperar sobre las pretensiones dictatoriales de la burocracia y la tecnocracia dominantes de turno, porque, cualquier desencuentro entre la intencionalidad sagaz y silente de los burócratas y la finalidad de la vida individual, podría esclavizar (como nunca antes) a los seres humanos que desean vivir en plena libertad, paz y armonía; es decir, conformes a su naturaleza y respetando su única ley legítima.

Bibliografía:

Banco Interamericano de desarrollo: www.iadb.org  

Conferencia internacional sobre gestión de la identidad -2014.

Inventario de los registros civiles e identificación de América Latina y el Caribe -2010.

Sub-registro de nacimientos e indocumentación; metodología y medición -2010.

Registros civiles y oficinas de identificación; análisis y fichas de países -2019.

UNICEF: www.unicef.org 

Oscar


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