La falta de autenticidad democrática, de respetabilidad de los derechos humanos y el atisbo de nuevos feudos en determinados sectores políticos, económicos y sociales retrotrae a la sociedad a la barbarie y a la esclavitud que ha padecido la humanidad en épocas pretéritas.

El control sobre la privacidad, el seguimiento permanente de los movimientos y los comportamientos de las personas y los demás controles variopintos que ciertos gobiernos y diferentes corporaciones efectúan sobre éstas, a fin de cuentas resultan ser un asunto de excesiva intrusión a la intimidad que tiene un alto costo, pues constituye una flagrante violación a los derechos fundamentales de la población mundial. La gente debería defenderse de tales avasallamientos, porque al no hacerlo, su silencio y resignada permisividad generan día a día mayor imprudencia de su contraparte.

La intimidad de las personas es un derecho de pertenencia inalienable. El avance constante de tales abusos de poder –privado, público o ambos en connivencia- sobre tal soberanía amerita más de una reflexión sobre el caso y también la aplicación de acciones colectivas reparadoras para terminar definitivamente con dichos excesos.

Pero resulta ser cierto que la vida es demasiado corta como para perder tiempo tratando de enderezar árboles torcidos, y sobre todo, cuando estos pertenecen a especies invasoras. Va de suyo entonces que sería estéril criticar, juzgar o sermonear a sus hacedores para que cambien su comportamiento por sí mismos.

Al caso, hoy la mayoría ciudadana está sujeta a esta falta de respeto hacia su máxima intimidad, ergo, tiene derecho a defenderse y actuar a su debido tiempo y forma para que sus opiniones, reacciones y pretensiones de conservar la reserva absoluta de su ámbito privado sea respetada sin condicionamiento alguno. Entonces, sin incendios, bombas molotov, banderías políticas, sistemas milagrosos ni otros oportunos similares, la ciudadanía en general debería trazar un nuevo pacto social para restablecer el orden que realmente satisfaga los deseos y el bienestar colectivo sobre el particular, preservando los derechos humanos fundamentales en un modelo social que acompañe sus verdaderas demandas y expectativas. La unión comunitaria, la paz, la responsabilidad y la aplicación del principio de emergencia al razonamiento grupal, podrían ser algunos de los factores clave para dar resolución favorable a esta causa.

Reunirse con tus pares, escuchar sus necesidades y sus alternativas de cambio es uno de los tantos caminos que hay para conseguir tal propósito. Dedicarle tiempo y labor a la sociedad de la cual eres parte sustancial, no sólo habla del grado de compromiso que tú asumes con los demás sino también del rédito cualitativo que tal colectivo alcanzará a mediano plazo. Cuando el interés individual se subordina a la predilección general, se pueden sesgar los enredos, los cuentos y los comportamientos más aviesos de las minorías empoderadas que tanto nos desfavorecen recurrentemente mancillando nuestra buena fe.

Ninguna otra persona hará realidad tan buen resultado mejor que tú. Recuerda a Mahatma Gandhi: “se tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (octubre 26, 2018) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.