Una hoja, un estilete, una mirada atrás…y un horizonte que se revela; un mundo extraviado, frío, desnudo y sin ardoroso aliento bastan como coreografía para la noche de un prosista y sus cuitas; zozobras y esperanzas que, al abrigo de un candil, él desea urdir con multiplicidad de letras.

La valía de tales útiles, cuidados, reservas y máximas aún sin tallar a la mano del escritor probablemente origine una cuota esmerada de disentimientos sobre los condicionantes que abruman a la sociedad en general cuando, con estilo audaz, esgrima su pluma mordaz a punto de penetrar sin piedad la trama calandrada de un pliego tieso; lámina yaciente inmutable que siempre espera ser complacida sobre un primitivo escritorio abrumado por cientos de carillas bicolor y decenas de heridas maduras pretéritas. El narrador, incitado por la intrepidez de un antiguo gallardo oriental, interpreta su arte emulando la estética del Samurai; y tal como el bravo guerrero resuelve sus entreveros dando rienda suelta a su espada con autoridad y destreza en la contienda, el ensayista se sirve del pliego y su pluma fuente para aseverar, aportar y libertar su obra.

Espadachín y autor aplican arte en su labor merced a sus particulares habilidades, mientras un agraciado metal se predispone a dar respuestas oportunas a las demandas de una sociedad impaciente y mal tratada; sin embargo, el resultado de estos sucesos rara vez satisfacerá por igual a servidores y servidos. Entretanto, la brecha existente entre el cultivo global de las humanidades abordadas por los personajes de esta breve historia y el deseo que alberga la mayoría de la gente, permanece insatisfecho a través del tiempo.

Lamentablemente, el disgusto social reina en este planeta desde hace varios siglos por más que las artes, indefinidamente, liguen responsablemente soluciones y demandas, porque tanto la valentía del espadachín como la fertilidad del trabajador de letras, si bien son una fuerza motriz vivaz en estos avatares, la indiferencia social y el temor de la ciudadanía a participar activamente por un bienestar común paralizan la potencia impulsada por ellos, sesgándose así su noble y vasto esfuerzo.

Posiblemente su labor sí servirá temporalmente para quitar la herrumbre de las miserias causadas por la “pesadez” que carga la sociedad, mas nunca podrá arrancar de raíz la mala hierba de la élite invisible que somete a la ciudadanía del mundo mientras, la comunidad necesitada y demandante no realice acciones concomitantes con el pensamiento de sus personajes estrella.

Entonces es de esperar que la gente no llegue a la cumbre de paz, libertad y bienestar que asiduamente manifiesta querer, en tanto ella no despierte de la hipnosis colectiva que le ha sido impuesta e invierta su estado actual de indiferencia, transformándose en la protagonista principal de su propia historia. Aunque tal vez algún día lo haga inspirándose en las acciones de las mujeres y los hombres honorables que de tanto en tanto, y aún a sabiendas de que su zafra generalmente es de rinde acotado, con gran perseverancia sirven al bien común en aras de erradicar las miserias que padece la población global.

Y así hasta un pronto amanecer pleno de luz, la esperanza de un mundo mejor, afín con el pensamiento de la mayoría de sus habitantes, quedará relegada hasta que sus integrantes decidan unirse para libertarse, quizás aplicando -con afilado estilete- la cirugía correctiva que merece hoy la médula social, a la que los virus y las bacterias del barbarismo autoritario han violentamente emponzoñado con la finalidad de evitar la emancipación plena que la humanidad merece desde hace mucho tiempo atrás.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (agosto 31, 2021) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.