Un dirigente patético es aquel capaz de conmover profundamente y agitar el ánimo de la gente con violencia. Al cabo, cuando termina siendo elegido por la población por falta de opciones, llega al poder como una consecuencia inevitable merced a la incertidumbre o al hartazgo que la mayoría de un pueblo siente sobre su clase política actual. Su consecuencia, la situación embarga la vanidad y el ego del elegido, despertándose en él un comportamiento despótico, irrealista y de escasos límites; luego, su falta de méritos y sus sin razones comienzan a sesgar su popularidad, su liderazgo fracasa, y su desesperación por permanecer entronizado se agudiza, al punto de provocar su mejor destello populista; él necesita evitar despeñarse desde la cima, desea reconquistar a toda costa a la masa que ha comenzado a retirarle su apoyo, un precio muy alto que la sociedad en general estará obligada a pagar.

Empero la prepotencia y el despotismo destacan en este actor ocasional, su política de barricada comienza a ser demasiado frecuente, presentándose ante la ciudadanía como la mejor alternativa -frente a los “enemigos” del sistema reinante, generalmente imaginarios- de los intereses y las aspiraciones de las mayorías relegadas. Pero como es sabido, las mentiras pronto se descubren y el farsante queda expuesto, motivo por el cual el notable en cuestión, más temprano que tarde, traiciona a sus propios argumentos.

Su desesperación crece día a día dando génesis a un comportamiento errático que emula el accionar de las células cancerígenas en un organismo: su unidad de acción provoca el caos y destruye el orden del sistema merced al abuso de poder y su incesante autonomía despótica. Mientras, el pueblo se angustia y revive historias que daba por superadas; reedita malas experiencias pretéritas, la gran rueda gira y gira, una vuelta…dos…tres: ¡dèjá vu…! Y nuevamente al punto de inicio, la sociedad clama por soluciones ciertas, entretanto las reyertas entre personas apasionadas de los diferentes sectores populares crecen y perturban, el ambiente sociopolítico se enrarece notablemente.

En el mejor escenario, el poder de turno convoca a elecciones generales. La mayoría aspira a un sistema democrático óptimo porque éste serviría como antídoto para el modismo político facilista emplazado últimamente, y para evitarse nuevos sinsabores, la población en general amerita celar sus propios intereses colectivos comprometiéndose mutuamente no sólo a custodiar de cerca la gestión de los funcionarios de turno y la de sus líderes sociales, políticos, gremiales y clericales sino también a elegir sus candidatos conforme a sus cualidades distintivas y no meramente en base a ideologías de carácter fantástico o a sus apariencias personales o histórico-partidarias.

Al momento de elegir, la ciudadanía reanuda el ejercicio pleno de la democracia, hecho que implica postular una doctrina de gobierno relativamente eficiente para que después, al ejercer su práctica cotidiana, la ciudadana consolide el sistema inmunológico que merece establecer una República con la finalidad de erradicar los agentes patógenos a través de su red institucional, entre tantos otros objetivos colectivos importantes, pues la dinámica de este régimen, dechado de carácter cívico y descollado por sus éxitos globales, actúa por sí misma contra las autocracias y las tiranías, cuando su mecanismo realmente afianza el orden de autodefensa orgánico y pacifista para enfrentar en todo tiempo y circunstancias las amenazas de quienes intentan vulnerar los derechos, la libertad, el orden cívico y el bienestar general de la ciudadanía.

Al caso, de esta forma la gente en general ejerce su responsabilidad social e invita a sus pares a respetar las reglas de juego de la Democracia de la que ella ya forma parte, pondera sus libertades, equilibra los derechos y las obligaciones de sus componentes…y, por supuesto, previene las consecuencias nefastas de un nuevo arribo o deslumbramiento populista. Por el contrario, si la sociedad no derriba las barreras que entorpecen su camino, quizá de una forma más benéfica y aceptable que la vista hasta aquí, permanecerá con imprecisa tranquilidad; entretanto, podría ser sorprendida por una nueva práctica política embaucadora, y también …por un dèjá vu.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (septiembre 3, 2018) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.