En esta nueva era global de inteligencia artificial (vehículos sin conductor, robots y tecnologías similares) se inicia una nueva etapa social que repercutirá a corto plazo e irremediablemente en nuestras vidas.

Muchas cosas hay por hacer en este sentido que hasta pudieran permitirle a la Humanidad dar un salto cuántico en su estatus actual para poder mejorar su calidad de vida sin distinción de clases, si es bien aprovechada la oportunidad que se presenta; un hecho importante que resultará viable, siempre y cuando la mayoría aproveche al máximo el tiempo porvenir, aplicando en ello una línea de pensamiento diferente a la que la gente sustenta hasta ahora influenciada por su formación, experiencia y tradiciones.

Para conquistar tal meta, hay varios tópicos a considerar: no ser dócil, no tener prejuicios sobre la propia idoneidad, no ceñirse a dogmas ya fracasados, utilizar al máximo el talento esencial, aplicar el atributo más natural del ser humano: la libertad. Además, debería uno sacudirse del aturdimiento social del cual es presa sin dejarse influenciar por terceros interesados en sólo llevar agua a su molino sin considerar las miserias de los demás; del mismo modo habría que correr el eje de las perturbaciones actuales pasando a señorear la propia vida, aún a sabiendas que los arácnidos sociales de siempre nunca escatimarán esfuerzos para apresarnos nuevamente en sus pícaras redes.

Los modos de sustento para el Hombre de las últimas décadas han iniciado su retirada, su desaparición es inminente y difícilmente vuelvan a ser medios adecuados para ganarse la vida. Por el bien nuestro de cada día debemos descubrir y poner en marcha nuevas formas de trabajo y subsistencia, sin esperar demasiadas soluciones de parte de los representantes políticos, pues, normalmente, ellos manifiestan con sus actos cotidianos estar muy ocupados en reyertas de todo tipo como para dedicarle tiempo a este servicio que merece la población en general.

Tal situación trae al mundo global retos diferentes, sucesos buenos y no tan buenos que ocurrirán en distintos momentos, ergo, y sin resistirnos demasiado, debemos aceptar este escenario, adaptarnos a él y descubrir el mejor camino a seguir.

Si bien nuestra historia carece de antecedentes sobre este singular suceso de cambio vertiginoso y fascinante que la tecnología y la ciencia acercan al presente, cada revolución sectorial siempre impulsó el desarrollo de otra, por lo tanto la falta de experiencia sobre el particular no debería ser una excusa para rendirse antes de tiempo.

En esta búsqueda de soluciones la gente podrá ver como siempre su “medio vaso vacío o medio lleno”; aquella que opte por el primero posiblemente aborde el ocaso de su bienestar si se mantiene en la línea que pivotea sobre el mercantilismo puro y los trabajos esclavistas; en cambio, aquella otra que decida adherirse al medio vaso lleno tendrá la chance de encontrar un sendero natural para salir airosa de semejante reto; quizás, inspirarse en las acciones que la naturaleza aplica en situaciones similares de cambio radical, a este último grupo le sirva para obtener su finalidad.

El Universo es inspirador y Maestro de la existencia evolutiva, de la creación que deslumbra a la Humanidad, de la Obra que permanentemente se actualiza, cambia, se desarrolla y actúa en caos y expansión sin fin y que al presente resulta imposible conocer cuáles son sus límites, alcanzar sus fronteras o divisar su horizonte real; su proceso y perfección no parecen haber llegado aún a su punto culminante, y las unidades que lo componen, entre ellas los seres humanos, viajamos por su espacio-tiempo buscando máximas de superación, probablemente, acorde con ese plan maestro integral que la Humanidad supone y observa, pero que, en definitiva, escasamente conoce.

Si bien la ciencia no ha llegado a detectar aún el propósito final de tan gigantesco despliegue y continúa trabajando en aras de saber más sobre el firmamento y los interrogantes que éste le origina, los involucrados en el tema avanzan en este campo más allá de los conocimientos adquiridos y de la tecnología que poseen porque su curiosidad es ilimitada, su afán de descubrimiento revitaliza su fuente inspiradora y su catadura interna y externa conspiran bajo un mismo tono a fin de superarse en ese terreno; el ser humano trasciende sus propias ideas cuando emula las acciones expansivas del universo. Seguir esta última rutina para superarse también en el ámbito doméstico con miras universales o colectivas, favorecería a la población mundial.

Un ideal relativo por alcanzar y nuevas fronteras del conocimiento en el Hombre persisten; él continúa en ese sendero conquistador porque aquello que supone se adapta a una forma o concepto de excelencia invisible que, si bien reside sombrío en su bruma mental, permanece latente en su inconsciente para servirle de marco hasta dominar finalmente su natural designio, su oportuno pensamiento y su ajustado propósito o adecuada convicción; él, siempre impasible, busca y persigue su máxima hasta que por fin la halla y la hace valer. De la misma manera, la sociedad global puede imitar tal comportamiento explorador para sortear el desafío en el que hoy se encuentra.

Al caso, la comunidad moderna quizás discontinúe sus anquilosadas tradiciones de subsistencia para ejercer una forma más adecuada de sustentar su vida dignamente gracias al poder de su intuición y al uso de sus propios talentos y de su guía original: la Naturaleza. Todo, en aras de aprovechar en beneficio propio los avances tecnológicos y científicos que le han llegado en estos ventajosos últimos tiempos.

Oscar


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© Publicado en Zapopan, Jalisco. México (diciembre 1, 2017) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.