Sexenio tras sexenio el pueblo mexicano se desencanta al mismo tiempo que se deslumbra; se encuentra frente a una figura presidencial que se va y a otra que llega con la mayoría de la sociedad confiando en ella, en sus promesas y en sus programas de reconversión.

Generalmente el punto de vista de quien arriba al Ejecutivo, frente al electorado supone que su antecesor ha llevado una administración aviesa conduciendo al país al caos: corrupción, despotismo, crisis social, política y económica, entre otros hechos que la ciudadanía juzga ocasionalmente y luego actúa en consecuencia con un sí o un no, de tanto en tanto. 

Esta es la democracia que vive hoy México y decenas de otros países alrededor del mundo ¿Este tipo de democracia es la que merecen o quieren los habitantes de esta República? No, por supuesto que no. ¿Pero qué, quién o quiénes son la causa principal de la marginalidad, la inseguridad, la corrupción, la pobreza, la disgregación, los excesos de autoridad y las demás desventuras que abruman a la ciudadanía en general? Según las palabras de asunción mencionadas por el nuevo Sr. Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en este preciso caso la culpa es del neoliberalismo, movimiento al que en su discurso tipifica como sinónimo de corrupción. Consideremos esta última aseveración con más detenimiento, recordando y verificando escenarios y hechos propicios, pues esto huele a permisividad.

El 1 de diciembre de 2012 el Sr. Enrique Peña Nieto expresó a la población que deseaba tener un gobierno abierto contando para ello con la opinión y la participación de la ciudadanía porque quería mantenerse cerca de ella. Según sus propias palabras, deseaba cambiar el paradigma de aquél entonces porque entendía que no habría seguridad mientras no hubiere en la República justicia e inclusión. 

Para lograrlo, detalló 5 tópicos; el primero, hacer prevalecer la justicia y la paz; el segundo, alcanzar un México incluyente: combatir la pobreza y cerrar la brecha de la desigualdad; el tercero, educación con calidad para todos; el cuarto, crecimiento económico sólido y sostenido reflejado en toda la geografía nacional; y el quinto, lograr que México fuese un actor con responsabilidad global (Relaciones Exteriores). Se mostró optimista y basó sus potenciales logros en cuatro pilares: los jóvenes, las riquezas del país, la economía formal y la reforma educativa. En resumen, después de seis años aquellas frases entusiastas finalizaron en promesas no cumplidas, aunque sí, ocasionalmente, bastaron para convencer al pueblo convirtiéndolo en instrumento partidario. ¿Pero esto sólo ha sido una experiencia desalentadora para la sociedad mexicana o encierra algún mensaje más? Continuemos.

El 1 de diciembre de 2018 en curso, el Sr. Presidente Andrés Manuel López Obrador al tomar posesión de su cargo manifestó querer llevar a cabo en el país una nueva transformación de manera pacífica, ordenada, profunda, radical y participativa; además, expresó que dejando atrás la hipocresía neoliberal, se propone acabar con la corrupción y la impunidad de hoy en México porque ambas son la causa principal de la desigualdad económica y social y de la violencia reinante que padece la ciudadanía en general. 

El combate a la corrupción, las medidas de austeridad, la inversión pública, el rescate de la industria petrolera y eléctrica, los recursos humanos y naturales del país, los proyectos productivos –públicos, privados y mixtos- y las reformas constitucionales le permitirían establecer el estado de bienestar y garantizar el derecho del pueblo a la salud, la educación y la seguridad social, a pesar de la deuda millonaria heredada. Corregir gradualmente las desigualdades sociales, los aumentos de salarios mínimos, sueldos para aprendices, becas a estudiantes, la creación de 100 universidades públicas, el fomento del deporte y las actividades artísticas, científicas y tecnológicas, la pensión a los adultos mayores, la atención médica y los medicamentos gratuitos también forman parte de los tópicos de su programa. ¿Se hará realidad este programa esta vez?

Es innegable que el mensaje del Sr. López Obrador atrae, al igual que en su momento lo hizo el discurso de su antecesor….y también el del antecesor de su anterior presidente,…y así sucesivamente por los años de los años…, porque, aunque mentira parezca, sus programas tienen ciertas metas y raíces compartidas: prometen bienestar, paz, igualdad y sustentabilidad, esperanzados en la productividad que obtengan de los recursos humanos y naturales del país…más allá de alguna ayuda externa, a excepción hecha del Sr. Presidente Lopez Obrador que desestima endeudarse. 

Esperemos ahora que estos potenciales deseos de AMLO se hagan realidad, qué ese círculo vicioso se interrumpa por el bien de toda la población, aunque, sin perjuicio de ello, quizá primero le convenga a la ciudadanía saber más sobre la causa de tantos recurrentes fracasos, más allá de las travesuras que algunas personas pudieran hacer estando en ejercicio del poder. 

Así como la ciencia y la tecnología avanzan frecuentemente y cambian sus teorías y sus prácticas en honor a la mejor oportunidad de éxito, la economía, la política, la sociedad y su cultura, deberían seguir su ejemplo danzando al ritmo de su época. 

Sabido es que, mientras los políticos discuten principios ideológicos aún sosteniéndolos con argumentos ambiguos y anticuados, la gente continúa con sus penurias cotidianas y, a veces, hasta toma partido en esas reyertas politiqueras a favor del más popular antes que por la pura razón. 

Los políticos, con tal de triunfar y mantenerse en el cargo, generalmente le presentan al electorado un enemigo o chivo expiatorio para derrotar: estatización, privatización, izquierda, derecha, centro, FMI, etc., más una zanahoria que la sociedad jamás saboreará en plenitud: salario digno, seguridad, certidumbre, sustentabilidad económica, igualdad, empleo, salud, medicamentos gratuitos, etc.

Albert Einstein decía que si una persona actúa siempre de la misma forma, difícilmente podría obtener algún resultado diferente al anterior. 

Ahora, si la población consume siempre los mismos argumentos y recurrentemente compra los chivos expiatorios que le presentan, el resultado a obtener, ya sea por acción, omisión o indiferencia, será penoso. Entonces ¿la problemática de esta sociedad es política e ideológica o se debe a la crisis económica siempre vigente tal como lo aseguran los líderes, o en realidad este suceso es mera consecuencia de la práctica de la sumisión, el desinterés y la indiferencia que la gente ejerce por la opresión ejercida desde el poder y la falta de respuesta a sus demandas sociales que se ha enquistado en la cultura nacional? Quizás, a través de la siguiente idea logremos saberlo.

Imaginemos una moneda corriente de diez pesos donde el anverso o Escudo Nacional representa al gobierno de turno y sus ideas (AMLO o cualquier otro), el reverso o la Puerta del Sol al potencial gobierno y su doctrina, y el canto a la fuerza motriz de esta sociedad, una “rueda” estriada que, además de representar las penurias y sin sabores sociales, determina el poder que realmente equilibra las fuerzas antagónicas: izquierda/derecha, violencia/paz, costoso/económico, democracia/anarquía u otra ideología, peligroso/seguro, oferta/demanda, ética/deshonestidad, etc., etc. 

El grado de fortaleza de la unión de las estrías del canto social más una meta común colectiva potencia o debilita a cualquier fuerza que esté jalando a los lados de esta virtual moneda para desestabilizarla. 

El orden de la problemática de México es cultural, y luego económica y política. La población debe sabiamente empoderarse y recordarle permanentemente a sus mandatarios, de forma ordenada y pacífica, sus demandas y satisfacciones. No se trata de revoluciones dantescas ni de aventuras similares, sino de sostener un sistema político que defienda la soberanía del pueblo y el derecho de éste a elegir y controlar a sus gobernantes .

La voluntad y las buenas intenciones de una o pocas personas no bastan para desarrollar un país para llevarlo a buen puerto, hace falta una excelente tripulación, el mejor piloto y una ciudadanía responsable comprometida con la gesta propuesta para conseguirlo, tanto sea uno partidario o no de aquél que se animó a proponerla. 

Cuando una revisión cultural transforme a la moneda antes citada en una divisa apreciada y ésta gire manteniendo el equilibrio necesario frente a cualquier desafío externo que amenace los intereses colectivos, probablemente entonces las condiciones sí estén dadas para superar realmente las carencias ciudadanas de hoy. Entretanto, seguiremos dispersos, individualistas y sin rumbo cierto, …y discutiendo siempre principios o ideologías, en vez de debatir sobre los resultados obtenidos para mejorar el bienestar de nuestra sociedad.

Oscar


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