En estos tiempos de exagerada controversia coyuntural, ni la política de derecha, ni la de izquierda, ni la de sus opositores, ni la de sus remanentes solucionan eficientemente las demandas de la sociedad global. En este escenario, a sus personajes sólo se los oye pregonar la anquilosada estrategia de dividir a la masa para sustentar su determinado “reinarás”, tratando de llamar la atención y despertar bronca masiva sobre un sector comunitario “XY” para que éste les sirva de chivo expiatorio ante sus propias faltas a la hora de tener que rendir cuentas, pues un líder generalmente necesita tener a la mano, al menos durante su ciclo de popularidad, a un “XY” que pague por él ante quienes representa.

Anti… (odio a…) ; imperialismo (conquista de…); totalitarismo (dictadura en…); todos ellos son sistemas políticos caducos que han dominado día tras día durante siglos a gran parte de la región latinoamericana y a otras muchas comarcas semejantes a ella en el mundo. Y lo han hecho en cualquier tiempo pretérito y continúan haciéndolo aún merced a esa saga puesta en escena de reemplazarse mutuamente de tanto en tanto uno tras otro, una historieta de tradiciones primitivas donde la ciudadanía -todavía confiada en ciertas ideologías- se involucra y las tolera en aras de conseguir un cambio asertivo que le dé sentido a su sacrificio personal y social, pese a que tal rueda sistémica de regímenes anteriores poco o ningún resultado le haya aportado en aciertos de equidad, responsabilidad y justicia.

La dignidad humana demanda una nueva salvaguardia para estas regiones devastadas por plagas ajenas que bien podría ser salvada en un concepto social y político afín a las reales necesidades humanas y su singular cultura, sesgando a esas otras devenidas del corporativismo de poder; se trata de elaborar un régimen sociopolítico moderno y actualizado conforme a las demandas reales de las personas sin víctimas ni victimarios inventados por los factores interesados en manejar el mundo -a su real antojo y ganas- que dé, en su aplicación, un nuevo orden o sentido benéfico a los habitantes de tan benditas tierras, sin distinciones de raza, clase o credo, y adaptable a las ideas y costumbres existentes de cada pueblo en particular; su práctica eficiente, hasta podría alcanzar a gran parte de la humanidad sin demasiada exclusión, sobre todo sí su poder de determinación sobre la masa comunitaria está limitado, enraizado en su particular cultura y controlado efectivamente por instituciones territoriales nuevamente definidas.

Ya es tiempo que el habitante de estos terruños abandone la luchas intestinas que desmiembran su propia nación, tome el pasado sólo como un factor de referencia y deje de vivenciarlo como un lugar de residencia permanente, porque de qué le sirve a él recoger del tiempo antiguo las malas experiencias y no tratar de variarlas siguiendo la misma senda. La opción de renunciar a un pasado viviente o adquirir un presente pródigo depende de la voluntad y del compromiso que cada vecino tome a su cargo; quizás al ciudadano responsable le convenga sesgar de una vez el error político actual en busca del honor que su sociedad merece en razón de la valía que, el grupo especial de seres humanos libres que la integran, preserva desde su génesis.

Las desigualdades de la Humanidad han clasificado o distinguido a los hombres por vicios de falsa identidad desde tiempos inmemorables, motivo por el cual entonces ellos debaten y asumen una posición determinada (radical, a veces) en su encuentro con proyectos imperialistas, totalitarios o de apariencia demócrata; movimientos clasistas, racistas, religiosos, fóbicos o extraterrenos.

Independientemente de la cualidad de la razón que asista a ciertos ciudadanos al manifestar en su particular osadía su propia manera de pensar y vívida experiencia conforme a los resultados obtenidos, la sociedad merece mucho más, necesita unirse sin condicionamientos privados para salir del amargo letargo de la subsistencia y pasar a gozar de su existencia.

La sociedad no debe procurarse como un ente organizado separado del individuo, ella es la vía indicada para evolucionar, tomar y dar, es el recurso vincular colectivo de grado superior al que cualquier individuo puede acceder naturalmente sin doblar sus rodillas ni más razón que la ser parte de la humanidad; cuanto más organizada y planificada se manifieste ésta en pos de la diversidad y las necesidades de sus integrantes, más iluminará a nivel global.

El todo, su todo, siempre será mayor a la suma lineal de sus partes; éste es su principio de emergencia, el que da a luz la expansión, el que inspira la emancipación final; lo contrario, la reticencia individual, la indiferencia social, la riña inacabable con el prójimo sobre ideologías paradisíacas, estanca, degrada, somete a la gente y perjudica el bienestar colectivo. En fin, el cambio es posible; lograrlo es sólo cuestión de echar en tierra fértil las semillas de una nueva manera de pensar.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (abril 17, 2019) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.