Un legado sustantivo le han dejado a la humanidad las mujeres y los hombres que, sin pedir nada a cambio, en su tiempo han sabido honrar a la sociedad y a las naciones trazando líneas de pensamiento sensatas en aras de un mundo más equitativo, justo, pacífico y evolucionado.

De vez en cuando, recorriendo la historia universal, uno encuentra personas de talla prodigiosa; sus teorías, métodos, sugerencias y enseñanzas son un verdadero tesoro global que la gente debería conocer y aprovechar mejor en pos del bienestar general, porque a la vista están los resultados magros obtenidos por una sociedad cuando ésta carece de consignas sabias, generalmente producto de los cambios introducidos en éstas por sus líderes, cuando pretenden obtener en la práctica política o social réditos fuera de regla para sí o para el partido al que pertenecen.

Después de muchos siglos de prosa expresada de ciencia cierta en esa gran biblioteca virtual construida como senda viable para crecer y evolucionar, abordamos este aquí y ahora observando un escenario integral cuyo tejido social se deshilacha cada día afectado por infinitas obligaciones que condicionan los derechos del hombre, mientras en el medio ambiente circula cierta apatía colectiva que retrasa la llegada de esos ponderados sociales que permanecen enmudecidos dentro de la bitácora de una embarcación plagada de almas diversas, las que, pese a contar con los mejores elementos para una navegación segura, surcan sin rumbo el océano de la segregación con destino incierto y vulnerable.

Esos pensamientos geniales y fluidos de los insignes de la pluma que heredamos los ciudadanos de este Planeta siguen aún latentes en las estanterías del saber, a la espera de que la gente haga uso de ellos conforme a sus circunstancias más oportunas, condiciones éstas que, por estos días, no dejan de aparecer por doquier en el mundo de la mano de ciertos movimientos populistas, radicales que, con tal de lograr sus objetivos partidistas, emponzoñan a la población con propagandas y consignas impregnadas de odio clasista y/o racial, dos pócimas amargas de espíritu separatista que agreden intensamente a cualquier grupo social.

La cosecha de estos movimientos de actitudes extremas emerge del cuajado de la degradación cultural y de la atomización social que se acopia groseramente en los silos construidos por la ignorancia, el fanatismo, la barbarie y la abolición de las libertades; las raíces de sus cultivos se realimentan del talante bullicioso del rebaño, de su rumbo incierto y de su mediocridad. Y la recompensa final para la población que los adopta como una solución coyuntural, generalmente termina siendo amarga…y un veneno eficiente para su cuerpo cultural.

La fórmula que puede neutralizar tal tóxico absolutista (enemigo de la diversidad) y quitarlo por largo tiempo de un orden constitucional, aún permanece en las galerías de la sensatez lista para ser usada, sabiduría que legaron al mundo los próceres de la pluma a la espera de que una ciudadanía altruista, comprometida con su comunidad, vaya por ella en aras de generar bienestar a los demás, sin esperar otra recompensa a cambio que no sea la gratitud de la sociedad en general.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (mayo 24, 2018) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.