Una regla popular indica que las cosas tienen su razón de ser. Los líderes inauditos que últimamente llegan al poder, no escapan a ésta, como tampoco lo hacen los residentes globales que aspiran y exhalan mentiras e imposturas en el amor, en la familia, en la política, en la religión y en tantos otros ámbitos. Unos y otros, perdidos o embriagados de toxicidades especiales, generalmente toman decisiones basadas en fantasías, condicionamientos, exageraciones, mandatos o falsedades.

Ante tal escenario de sucesos sociales repetitivos, quizá le resulte conveniente a la humanidad actual modificar esa dinámica de intercambios insolentes oxigenando el medio que habita de manera adecuada hasta inspirarse mutuamente verdad, respeto y compromiso.

Al presente da vueltas y vueltas la versión de una nueva carrera armamentista en ciernes entre grandes potencias y sus aliados por la intransigencia aplicada de partes dentro de una organización internacional, esta noticia toma cuerpo en la sociedad que nos liga a riesgo de más sangrías letales en el género humano.

Esta insinuación pública proclamada por los servidores de intereses espurios entretanto alarma a la población en general, el arquetipo de lucha armada cautiva a no pocos incautos, distraídos y perturbados fundamentalistas con sed de arrojar, a lúcidos y prudentes, al abismo de la atrocidad.

Los pacifistas y neutrales todavía rezagados en el tema ya deberían reaccionar de modo directo y asertivo con discernimiento aplicado, por ejemplo revisando la historia violenta de los pueblos, pues en su memoria colectiva aún late el sin sabor obtenido por la humanidad en anteriores osadías bárbaras que revelan los mantos de verdad y miseria que encubren sus grandes fauces.

Frente al embate que la realeza preservada a la sombra hoy mece sobre el mundo, tal revisión resulta un contrapeso equilibrado que invita a la sociedad a proceder adecuadamente después de reflexionar sobre las bondades que, recurrentemente, este planeta les regala a sus transeúntes eventuales, y cuyo orden y plenitud carece hasta el presente de un soberano terrenal que pueda desechar al hombre del mundo…, y más aún cuando semejante actitud deviene de la hostilidad y la ignorancia particular de ciertos indigentes intelectuales que amenazan la paz global jugando con armamento nuclear.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (septiembre 28, 2018) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.