Actualmente la fragmentación y polarización política afecta a la mayor parte de las democracias del mundo, los gobernantes avanzan sin reparar adecuadamente en los derechos de sus representados, han perdido el norte republicano y participativo. 

Ante tales circunstancias, la ciudadanía se prepara para contrarrestar y corregir dichos efectos tóxicos, y, al menos en apariencia, lo hace de una forma diferente a cualquier otra anterior, esta vez utiliza los recursos tecnológicos que (la mayoría) tiene a la mano; las redes sociales y las aplicaciones de mensajería en línea son sus mejores aliadas, pues éstas forman su mayor cadena productiva.

Frente a determinados sucesos de la realidad de carácter riesgoso las personas luchan para sobrevivirlos, y cuando éstos se constituyen en problemas sociales la gente intenta encontrar las respuestas adecuadas aliándose entre sí para resolver en consecuencia.

En varios países y continentes la gente se siente abrumada por causas similares o diferentes, motivo por el cual comienza a difundir y formalizar su esperanza de cambio usando la expresión Inteligencia Ciudadana (IC), una gesta reaccionaria que cada día cobra más fuerza e interés público y cuyos conceptos tópicos pueden ser la libertad, la justicia, la responsabilidad y el compromiso.

Sus simpatizantes han sabido reunir bajo tal expresión el principio de emergencia (el todo es mayor que la suma de sus partes) con el derecho democrático a participar en la toma de decisiones y a requerir oportunamente por la vía institucional correspondiente  la puesta en marcha de sus proyectos. No se trataría aquí de competir ni de formar grupos partidarios y, menos aún, de tomar el lugar de sus representantes, sino de colaborar con ellos para mejorar y sustentar el bien colectivo, sin perjuicio de ejercer siempre su derecho a monitorear el desempeño de los funcionarios de gobierno.

Cuando una situación tal como la falta de seguridad en las calles exige una máxima de coraje y honradez para una parte de la ciudadanía contra otro sector de ella donde su moneda corriente es la carencia de lo mismo, la tarea no consiste en disminuir los síntomas o efectos manifiestos de dichos sucesos temporalmente sino más bien en tratar y resolver las causas latentes que le dan origen tratando de erradicarlas o, al menos, de menguar su evidente potencialidad a su mínima expresión. Ergo, su tratado debe ser integral e inteligente, relegando los intereses mezquinos.

Pese a que al observarse una situación de caos pueda en ella advertirse la luz, tanto mujeres como hombres pendientes de su propia zona de confort o interés particular no logran divisarla; cuando el bienestar individualidad sesga el bien comunitario la solución colectiva no arriba, entonces, el precio social a pagar resulta altamente significativo.

Si bien las características básicas de la IC tienen cabida sociopolítica y funcionalidad institucional de larga data en este planeta, en esta contemporaneidad es importante destacar la necesidad que hay en este tiempo de desarrollar la Inteligencia Ciudadana a causa de la coexistencia en al ámbito social de dos factores antagónicos; el primero y más llamativo es el súbito despertar ciudadano, su interés en participar en decisiones vitales, su salida del anonimato y su despojo del temor a represalias; el segundo y en estado terminal es la clase dirigente, pues ella no termina de comprender que las recetas actuales del poder no son lo suficientemente eficaces para satisfacer las demandas de sus representados; a todas luces resulta inconcebible que en el siglo XXI se sigan aplicando paradigmas políticos, sociales y económicos que arrastran fracasos centenarios. 

En el teatro de la IC las dos causas mencionadas para el proceso de superación de cualquier problemática en particular son sólo parte de la gran función, pues también en escena está presente el elenco actoral que impone sus reglas entre las bambalinas, ese telar de la parte superior del escenario desde donde, generalmente, se impone la decoración final de un espectáculo tan dantesco como dramático.

Desde la antigüedad hasta el presente, en diferentes épocas la literatura ha tallado con plumas célebres la frase “quién le pone el cascabel al gato”, advirtiéndonos de alguna manera que la solución de los problemas no se consigue por vagas ocurrencias sino a través de una visión integral con ideas realistas profundamente trabajadas y llevadas a cabo estratégicamente.

Al caso, la inteligencia colectiva no debería perder de vista la estructura teatral descrita para obrar, considerando en cada problema a tratar y resolver el orden de sus causas conforme la formación piramidal de los factores de poder de turno, de lo contrario sólo obtendrán soluciones pasajeras…y a riesgo del propio desprestigio de sus hacedores, pues su fracaso sólo avivaría el fuego que se pretende combatir. 

Los trabajadores entre bambalinas son parte inevitable del ruedo social del que todos participamos…y ellos siempre están al acecho para imponerle a los demás su extraña forma de pensar; tienen poder y también su peso en oro sobre los gobernantes. La historia de la humanidad está harta de dar cuenta de sus terribles andanzas, pero ello no los hace invencibles, pues, a la hora de volver a barajar las cartas las reglas de juego establecidas por la Inteligencia Ciudadana, oportunamente gravitarán en la sociedad.

Oscar


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