La Covid-19 preocupa a la población mundial mientras una representación sombría de una sociedad futura de cualidades perniciosas se mece sobre ella, merced a muchos irresponsables cuyas ideas o proyectos indeseables no sólo expresan el grado de paranoia que poseen sino también la dimensión de sus ansias de poder y dominio. 

Quizá tal subestimación sea fruto de considerar a la humanidad como mero rebaño de ovejas indefenso o se deba a monstruosas quimeras. Sí así fuese el menosprecio de esta gente sobre sus coterráneos, antes de continuar con su obstinada pasión por reinar, tal vez debería tomar acabada consciencia de la realidad: “La humanidad es patrimonio del universo; ergo, ella traza y transita su propio destino basada en la sabiduría de la naturaleza que la alberga y los consejos oportunos que le otorga su propia libertad”.

Si a pesar de la existencia del mundo real tales ovejeras u ovejeros insistiesen en su ególatra puja actual, ésta les resultará estéril y posiblemente sí les dé desprestigio, pues jamás en este mundo unos pocos trasnochados han logrado dominar la voluntad de más de siete mil millones de amantes de la libertad. El reloj está en marcha; a su debido tiempo, la humanidad dará su testimonio cabal.

Oscar


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