Gran parte de Latinoamérica ha perdido su norte desde los últimos años del siglo XX de nuestra era, su tan mentado potencial solidario de antaño está debilitado por múltiples razones; sus rasgos sociales, políticos, económicos y culturales están en franco retroceso y el malestar manifiesto de la población es insufrible; actualmente, sus padecimientos son innumerables: pobreza, marginalidad, violencia, exclusión, injusticia, vulnerabilidad sanitaria y pérdida del poder de compra, entre otras causas no menos importantes suscitan en la gente sentimientos de depreciación, mientras un malestar social, inalterablemente en alza, se expresa en la región de diferentes formas. 

Pero tal suerte adversa no responde al propósito desvergonzado de un individuo…ni tan siquiera de dos o tres insolentes. Los involucrados en esta historia son muchos más, gente normalmente anónima, a excepción hecha de las lumbreras públicas perfectamente identificadas por la ciudadanía en general. 

El inicio de esta decadencia data desde largo tiempo atrás, cuando un osado grupo de atrevidos, enredados como telaraña y sin ciego azar, decidió formar una élite, una minoría con fines aviesos empoderada a través del tiempo merced a personajes inescrupulosos y la condescendencia popular. A la postre, surgió un factor de poder que interviene en las utilidades de un gran pastel, una torta de reparto sazonada con las habilidades de sus innobles componentes y de determinados funcionarios de guante blanco. Una red ambiciosa que hasta el presente continúa ganando terreno y adherentes sin respetar fronteras de ninguna clase. 

Su resultado: gran convite para algunos miles, …y hambruna, penas y miserias para millones de desdichados. “Los primeros mandan, los segundos obedecen”, es la máxima intolerante que en estos tiempos aún domina a gran parte de la sociedad. 

Va de suyo que Latinoamérica no tiene exclusividad en este tipo de avatares; es más, los pícaros involucrados de esta región que entregan sus servicios degradantes a la comunidad, importan valores y estrategias grupales desde lejanas tierras. Y mientras la taimada confabulación avanza en ciertos pueblos sin miramientos ni piedad, los sumisos permanecen aletargados por condicionamientos que los obligan al conformismo y a su posición eventual. 

Los obedientes resignados, apremiados por sus propias circunstancias, ceden día a día gajos de su libertad y de sus más amplios derechos, dejando para otra ocasión más venturosa sus imperiosas necesidades, su dignidad…y hasta su valiosa sensatez; y todo ello por seguir apostándole a un juego sociopolítico engañoso y a las estrategias planificadas por núcleos palaciegos liderados por granujas de turno que, a sabiendas y a cambio de obtener cuantiosas prebendas, condenan a millones de personas a penurias severas. 

Población sometida que, al relacionar las necesidades inmediatas que tiene con las respuestas dadas de sus representantes, continúa percibiendo que muchísimas políticas de estado permanecen enemistadas con la realidad ciudadana y que ella misma podría ser la única de hacer algo al respecto, visto que, históricamente, el clan dominante de la gran vecindad sólo sabe mejorar el confort y las utilidades de sus miembros. 

Los condicionamientos impuestos desde la crema y nata de turno, el individualismo, la competencia social agresiva y una endiosada economía han esterilizado el potencial sociopolítico de innumerables mujeres y hombres probos, capaces de gobernar en sintonía con sus posibles representados.

Pero pese a tal toma de conciencia la ciudadanía sabe que expone seriamente sus recursos y sus relaciones comunitarias si trata de modificar tal estado de dependencia con el poder circunstante, motivo por el cual ella mide sus propios riesgos y en soledad decide en consecuencia, aislada de sus asociados en la desgracia. Luego, ante su imposibilidad reaccionaria frontal prefiere entonces adicionarse al juego político perverso, como si realmente formara parte de una república participativa: “el pueblo ordena y promueve el orden en pos del bienestar general, a través de sus representantes”, haciéndose así cómplice de los abusos del sector manipulador, obteniendo a cambio promesas falsas y largos períodos de estrecheces. 

Por acción, omisión, indiferencia o fatiga los derechos sociales, humanos y políticos conquistados son saboteados asiduamente por los actores enredados en esta empresa; ergo, a corto y mediano plazo la sociedad latinoamericana posiblemente continúe carente de solidaridad comunitaria y deteriorándose gracias al relativismo que, sutilmente enmascarado, le suelen imponer desde diferentes ámbitos. 

La génesis de la pandemia que hoy padece el mundo y las consecuencias sociales que ella traerá, aún permanecen en un campo sombrío de información para la población global. Y si bien existen múltiples hipótesis o explicaciones eruditas al respecto, todavía éstas deben madurar cabalmente para que la humanidad conozca a ciencia cierta la realidad de este suceso estremecedor. Pero cuando la pesadilla finalice, porque todo tiene un final, posiblemente la población tenga más argumentos para reflexionar y actuar en consecuencia, sobre todo cuando conozca el origen real del brote de la enfermedad COVID-19.

Entretanto llega ese tiempo, consideremos que cuando la ciudadanía unida trabaja para mejorar determinado desvío inusual, sus integrantes pueden superar su disyuntiva de confort individual transformando su necedad momentánea en agudeza desenfadada. Al caso, una enmienda viable podría ser remodelar alguna de las dos caras de esta divisa sedienta de soluciones para luego poder actuar favorablemente con razón humanitaria.

Siendo así, la sociedad podría regresar al curso normal del bien común, sí la mayoría de sus integrantes relega su propio bienestar a favor del colectivo; tal vez, la época que transitamos actualmente ayude a comprender más tal premisa. Después, una vez renovadas las políticas sociales, ellas mismas se encargarán de debilitar la deslealtad grupal en aras de fortalecer la solidaridad humanitaria; justamente las dos palabras más usadas en los estrados políticos para entusiasmar y movilizar al rebaño (dócil y dirigible), en cualquier tiempo y lugar.

Oscar


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