Aún hay muchas cosas por hacer en nuestra sociedad, acciones diferidas por la humanidad que retardan su desarrollo y sesgan su libertad; decidir si vale la pena continuar merced a condicionamientos doctrinarios mediocres o sustituirlos hasta lograr la emancipación real, es un reto que la ciudadanía en general continúa sin resolver.

Las instituciones estatales, religiosas y gubernamentales si bien ejercen actividades diferentes, generalmente sostienen un frente común ante la sociedad en determinados sucesos sociales, actuando políticamente al unísono como una terna de regímenes acordados que, presentes en la mayoría de las naciones, gravan excesiva y permanentemente las vidas humanas.

El eje principal de tal cofradía, garantista de inequidades y perturbaciones, desde su campo de acción y dominio le impone al público en general un orden opresor, un método pulido a fuerza de particulares intereses y miserias corporativas, un modo singularmente palidecido que suele hacer gala pública desde rostros ocultos, una divisa absurda cuyas caras son el resultado sombrío de una moneda tallada por políticas impertinentes y arbitrarias, en cuyo anverso exhibe falta de luz y en su revés prevalece acuñada la mezquindad existente sobre la libertad de los seres humanos.

Tomar cartas en el asunto y resolver en consecuencia es uno de los retos principales que la humanidad enfrenta nuevamente en este siglo, un desafío que el hombre deberá sortear si pretende abordar alguna vez el bienestar que se tiene prometido a sí mismo desde tiempo inmemorial. La solución está en sus manos, cuando la humanidad tome plena conciencia de ello y actué en consecuencia, el mundo girará en beneficio de su gran comunidad.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (junio 30, 2021) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.