Un día…un camino; un hermoso lugar natural pleno de gigantes disputándose el cielo, presumidos infatigables que, esgrimiendo sus mejores lanzas, aguardan la nueva estación ligando y esquivando los tibios reflejos del sol huidizo; entretanto, sus hojuelas marchitas guarnecen el suelo de la noche fría que arriba sin titubear.

Los pájaros más antiguos, sus famosos invasores silvestres, velan la fortuna de una nueva querencia aparecida, y, orgullosos de su última faena, trinan al crepúsculo vitoreando la llegada de la brisa que pronto los arrullará.

Candiles difusos embargan la última hora de la tarde de dos enamorados. Ella y él apenas se conocen, y dejándose llevar por la emoción que los embarga parten hacia una ternura intuida; ambos van tras sus virtuosas sensaciones carentes de prejuicios procurando asaltar la esencia vital de sus ánimas; los dos, embriagados de ansiedad, ciñendo sus brazos, estremecidos presumen sus deseos de amar. 

El cielo les sonríe y la noche anunciada está…; nada les importa más en el mundo que permanecer gozando eternamente ese instante, desean estar ligados entre sí…detener el tiempo y perdurar infinitamente en ese espacio perfecto. Sienten plenitud, se adoran, …sueñan. Buscan el cenit; subiendo y bajando, repentinamente vencen la gravedad; están en su apogeo, se prometen felicidad eterna y plena existencia; nada les alcanza al obsequiarse entre sí cuanto existe, todo les resulta escaso; miles de ofrendas simples y bellos halagos entregan sus bocas, …millares de juramentos estacionales carentes de veracidad.

Al alba, en su larga despedida un estigma cae sobre la gran estación cuando las lágrimas de ambos surcaban sus lozanas mejillas; sus voces audaces y los sonidos circundantes súbitamente desaparecieron, dos sombríos corazones van hacia la adversidad, se distancian, y elevando sus manos entre la muchedumbre, ambos balbucean: “¡hasta siempre…!”. Ella va al anden norte; él, al corredor opuesto.

Muchos años pasaron ya, la licenciosa mocedad de aquel tierno encuentro la desgreñó el tiempo, el momento sublime de tan noble zafra finalizó en mutua soledad; juventud, alegrías y esperanzas de aquel entonces perdieron su camino. Hoy, la nostalgia aborda a esos apasionados en un otoño distinto, justo cuando su sima sabe a duelo y su pasión…a encanto del mal. 

Dos cuerpos distanciados yacen aletargados sedientos de apego a la espera de otro instante sublime, donde quizá cierta libido renovada asuma forma carnal. Entretanto, el ocaso de esta tarde induce a los pájaros a entonar indulgencias románticas, modestas complacencias para la pasión de dos amantes que, alguna vez, al universo supieron tributarle su gran amor de plétora fugaz.

Oscar


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© (enero 20, 2020) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.