El 22 de mayo de 2007 el ex Secretario General Adjunto de la ONU basado en la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” -informe elaborado por 1.300 científicos de 95 países-, afirmó que “la degradación progresiva de dos terceras partes de los ecosistemas podría tener consecuencias desastrosas para la humanidad en los próximos 50 años; enfatizó: “cada hora, tres especies desaparecen; cada día, más de 150 especies se pierden; cada año, entre 18.000 y 55.000 especies se extinguen”, y detalló: “no cabe duda alguna de que el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad son consecuencias de la actividad humana”.

La miniserie Our Planet (documental 2019) muestra la diversidad existente en el mundo haciendo un paneo por distintas regiones del Planeta y da cuenta del estado de las especies y los hábitats, sus riesgos y beneficios, el grado de extinción y de recuperación de animales y plantas comentando, en ambos casos, las causas y las acciones que procuraron su estado actual. Dicha crónica, también destaca al hombre por sus actos depredadores superlativos.

Recientemente -15 de julio de 2019- la indignación de la gente se expresaba en las redes sociales porque la selfie de una pareja de cazadores, posando junto al león que habían matado, emergía en el ciberespacio exhibiéndoles a sus observadores la imagen ocasional de su alegría junto al felino caído.

Los reportes precedentes y otros similares sindican al hombre como el depredador más influyente del Planeta, pues él, a diferencia del resto de los seres vivos, no sólo se sirve de la naturaleza para sobrevivir, sino que la agrede recurrentemente por varias causas: explotación, mercantilismo, placer, consumo, entretenimiento, corrupción, etc. 

Si bien es cierto que las especies en etapa franca de extinción aumentan progresiva y exponencialmente, pese a la gestión cotidiana de los organismos nacionales e internacionales encargados de su protección y a lapena, lástima y crítica permanente que manifiesta la población global al enterarse de estos temas sin otra posibilidad que la de ser una simple observadora, no es menos cierto que ambas partes, resignadas por los magros resultados obtenidos continúan sus rutinas desde el rol social que ocupan…pero a riesgo de descender en una espiral de resultados estériles desfalleciendo en el intento. 

El calentamiento global, la extinción de miles de especies y el comportamiento humano son una realidad del presente que debería bastar para convocarnos a la reflexión a efectos de poner en marcha las acciones que permitan liberar a la naturaleza y a los recursos imprescindibles de tal irracionalidad, de manera tal que todo tipo de vida que transite sobre este pequeño espacio del universo lo pueda hacer sin otro pesar que no sea cumplir con su cometido natural. 

Así los hechos, y en aras de separar la paja del trigo me pregunto: ¿Corresponde endilgarle al género humano un rango de depredación altamente nocivo?  y no

, porque un gran sector de la población mundial es más afecto al rinde de sus actividades y a la practicidad en su supervivencia que al daño que su comportamiento les provoca al ecosistema y a la biodiversidad. Generalmente, estos involucrados no se informan sobre los problemas ambientales, no actúan para menguar sus efectos y, al parecer, muy poco les importa las consecuencias por venir, aún a sabiendas de que su impostura podría afectarles negativamente más temprano que tarde. 

No, porque tanto los observadores condicionados por el sistema en la toma de decisiones como los sujetos dedicados a la investigación y otros campos afines relacionados, desean de algún modo cambiar esta situación y trabajan desde su espacio social para conseguirlo, aunque lamentablemente continúan siendo minoría.

Independientemente en qué lugar del mundo residamos, vivimos una época de cambios radicales en diferentes ámbitos: político, personal, social, económico, corporativo, cultural, etc. Afortunadamente, en los últimos años la globalización ha relacionado al hombre de una forma especial merced a la tecnología y a la información, empero deberíamos aprovechar tales circunstancias para procurar los cambios que nos garanticen mejor calidad de vida. 

Al caso, seguidamente cito algunas consideraciones que quizá coadyuven al mejor vivir y a la preservación del medio ambiente, a la espera de despertar voluntades de participación activa en defensa de la naturaleza que nos alberga y nutre.

No todos los procesos de devastación son a causa de la intervención del hombre ni la solución de la depredación existente depende exclusivamente de él. Sí, por supuesto, hay extinciones naturales y otras que provocamos al autoexcluirnos de las actividades correctivas, o sencillamente conquistamos por nuestras obras contraproducentes. 

Gracias a las tareas de investigación, a los trabajos especiales y a la difusión que sobre el particular realizan las instituciones especializadas en defensa del bienestar de los seres vivos y su hábitat, las personas podemos informarnos fácilmente sobre sus actividades, aprovechar el contenido de sus documentos y darles apoyo y colaboración acercándoles propuestas asertivas.

Va de suyo que las acciones de nuestros líderes y representantes pesan mucho en este campo, por tanto, procuremos que ellos den curso a nuestras demandas sobre el cuidado y la preservación de la naturaleza y el ecosistema, y luego supervisemos su puesta en marcha. 

Las partidas presupuestarias estatales deberían tener más afinidad con nuestros intereses que con los idealismos radicales de dominación, beligerancia o intolerancia al prójimo o a sus creencias. Ajustar un presupuesto especulando con la igualdad o gratuidad, si bien da rédito político no siempre es una buena opción. Nuestros representantes deberían trabajar más en aras de los intereses colectivos, sobre todo si la meta perseguida trata de preservar la vida y su sustentación permanente.

La población global participa en esta problemática de múltiples maneras: investigando, provocando, documentado, observando, descubriendo, resolviendo, criticando y difundiendo, entre otras; sin embargo, estas prácticas no son lo suficiente determinantes para solucionar definitivamente este tema. 

Actualmente, gran parte de los seres humanos continúan en la sociedad carentes de receptividad, y faltos de colaboración, responsabilidad, compromiso, y evadiendo los asuntos importantes…tal vez abrumados por sus condicionamientos. Pero hasta que la mayoría de las voluntades individuales no converjan en una acción colectiva común que sesgue y repare la devastación que el hombre está haciendo en su hábitat, la solución de esta problemática solamente será transitoria y hasta probablemente utópica; ergo, la solución definitiva y sustentable podría arribar en un tiempo que, a esta contemporaneidad, nunca ha de abrazarle.

Oscar


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