En un ámbito degradado por conductas humanas aviesas, las diferentes formas de gobierno existentes en el mundo configuran un orden mundial que rige los destinos de la humanidad; éstas constituyen un amplio espectro de corte político que entretiene a la gente bajo regímenes absolutistas, democráticos, dictatoriales, monárquicos y demás sistemas variopintos que obedecen al ideario fundamentalista de su creador o al conjunto de creencias de un grupo de personas, conforme las circunstancias de época. 

Los paladines ocasionales que sirven a dichos intereses, en sus campañas electorales utilizan la etiqueta que mejor clasifica a su producto partidario: progresismo, socialismo, liberalismo, radicalismo, comunismo…y demás pastizales; una innumerable cuantía de praderas cuya latencia en definitiva hace previsible, más temprano que tarde, un cepo ciudadano desfavorable: dominio territorial, control y sumisión de la población.

Los representantes de dichos sistemas, en sus balances de gestión generalmente expresan lívidos beneficios, demasiados fracasos y rara vez (o jamás) rinden cuenta de qué tanto al aplicar su versión doctrinaria ésta supo saldar las demandas genuinas de las mayorías aún insatisfechas. 

Pero los años siguen avanzando, al igual que las promesas gubernamentales no cumplidas a la mayor parte de la ciudadanía; y entonces justo en este tiempo caracterizado por sus logros científicos, tecnológicos y productivos millones de seres humanos -sin techo propio ni estándares de vida básicos- todavía fluctúan entre hambruna* y desesperación, mientras que los dirigentes habituales, en aras de seguir conquistando simpatizantes distraídos, continúan buscando nuevos chivos expiatorios para endilgarles sus propios fracasos de gestión.

Y así, entre dimes y diretes sobre los asuntos vitales de una sociedad en particular, votantes y candidatos pierden su tiempo en reyertas donde la fidelidad ideológica pesa más que el bienestar colectivo, una obligación ciudadana, esta última, que por cierto podría zanjar los desequilibrios sociales y políticos de mayor actualidad. 

Mas dicha pugna no carece de fundamento ni de justificación, por el contrario enriquece la experiencia humana porque desde un espejo contencioso sus adversarios exhiben su teatralidad al proyectarle al mundo las luces y las sombras que, oportunamente, supieron exponer en un retrato condicional. 

Si bien en estas líneas resulta menesteroso reconocer que ejercer la administración y el control de un Estado es un acto vulnerable por la constante manipulación política y las intenciones aviesas de los cínicos, del mismo modo vale decir que seleccionar un gobernante ideal no es una labor sencilla, pues por doquier abundan osados sujetos de apariencia respetable que carecen de honorabilidad, conocimientos y talento individual, entre otros.

No se trata aquí de distinguir bandos buenos o malos sino de hallar modos o sistemas que le procuren a la ciudadanía los resultados apropiados a sus recurrentes demandas: paz, libertad, diversidad, tolerancia, justicia, participación, paz y demás…

En fin…, en política mucho se dice y poco se hace. Sin embargo el estado de cada país no es mérito exclusivo de los políticos y sus asociados porque tanto la ciudadanía como sus dirigentes son el producto doméstico nacido de la misma fuente sociocultural; ergo, sus cualidades e imprudencias se reflejan en su propio espejo-social, son las dos caras de una moneda nacional acuñada al presente que mejorará su cotización global cuando ambos lados del espejo trabajen a favor de una misma divisa, colaborando responsablemente en aras del bienestar colectivo al focalizarse menos en las diferencias entre un lado y otro y más en las coincidencias que ambos flancos dicen tener para lograr un país evolucionista.

Al caso, y a la vista de los resultados obtenidos por la gente después de largas esperas por demandas (a la postre) insatisfechas y sus obstáculos para elegir sin malgastar el voto, este momento electoral quizás le resulte oportuno a la ciudadanía para reflexionar sobre los velos electorales históricos, su intempestivo comportamiento y sus consecuencias, y consecuentemente obre cambiando su ciega credulidad y exagerado fanatismo por alguna otra manera de selección más comprometida con la problemática real de sus pares que acompañe la época, donde al menos la hipocresía de los insolentes sociales no vuelva a deshonrar la buena fe ni los derechos humanos, sociales y políticos del electorado; hoy, no solamente en crisis y abrumado por sus propias circunstancias sino también desencantado con sus líderes y los influyentes de siempre.

*”El último informe de la FAO sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, publicado en septiembre de 2018, señala que 821 millones de personas en el planeta padecen hambre” http://www.fao.org/news/story/es/item/1188071/icode/

Oscar


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© (octubre 20, 2019) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.