El brote mundial de la Covid-19 preocupa a la población mundial, pero la descripción de la situación de la OMS como pandemia (sin tener suficientes argumentos científicos que avalen tal clasificación -según varios profesionales calificados-, medidas paternalistas de los gobernantes, confinamiento obligatorio, medidas represivas y procedimientos punitivos utilizados sobre la población en determinados países más un sesgo desagradable sobre los derechos humanos, sociales y políticos, han dado luz verde a algunos insolentes o conspiradores que sorprenderían al mismísimo Tomás Moro, el realizador de Utopía. 

A la postre, hoy una representación sombría de una sociedad futura de cualidades perniciosas se mece sobre la humanidad al albedrío de quienes irresponsablemente pujan a diario hipótesis, proyectos o doctrinas indeseables para la población mundial. 

Quizás entonces sea tiempo de recordarles a tales personajes que la historia global está plagada de insensatos que, a su tiempo, han pretendido torcer el curso natural y evolutivo del hombre sobre la faz de la Tierra, y que jamás sus atrevidas aventuras mesiánicas pasaron de una temporal osadía sin paracaídas para salvarlos de su propio descaro y consecuencias.

Contra viento y marea de planes quiméricos, en este planeta hay más de siete mil quinientos millones de almas humanas que difícilmente acepten las perversidades de unos pocos indigentes intelectuales que imaginan arriarla como a rebaño de ovejas, dando así rienda suelta a sus paranoicos y grotescos antojos y ganas. La humanidad es patrimonio del universo, y como tal, sabe trazar y transitar su propio destino basada en la sabiduría de la naturaleza que la alberga y los consejos oportunos de su propia libertad.

Oscar


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© (mayo 2, 2020) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.