“La democracia es un sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho de éste a elegir y controlar a sus gobernantes” -diccionario Vox-…pero en ciertos lugares esta definición no se cumple. Algo está fallando.

La falta de alineación del sistema político con las necesidades reales de la gente de algunos países en desarrollo pone marco al descontento de su población. Los responsables de esta consecuencia en la ciudadanía usan un conjunto de acciones para conseguirlo, tales como la política del miedo, un osado individualismo, su incapacidad de resolver problemas, la excesiva burocracia estatal y la corruptela en las instituciones públicas; durante los últimos días las noticias internacionales han expresado que diferentes juzgados tienen políticos procesados en 29 casos de corrupción en distintos países -en su mayoría latinoamericanos; las causas: peculado, falsos títulos, asociación ilícita, lavado de activos, crimen organizado, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, entre otros.

Los beneficios que los ciudadanos obtienen de estos regímenes son insuficientes, inequitativos y engañosos; ellos ven a sus representantes negados a la realidad, presumidos de todo, dedicados a deshonrar sus promesas electorales y a satisfacer sus propias ambiciones. Su desenlace es que el pesimismo se ha instalado y la imagen pública que la población tiene de los políticos en general decae día a día; el ciudadano común ya no confía en sus representantes y lo demuestra en su marcada actitud de indiferencia ante los sucesos políticos, está harto de sus engaños y prácticas desleales; un mensaje cierto y claro…que rara vez ha sido correspondido por sus destinatarios

Luego de varias décadas titubeantes ensayando doctrinas de derecha, izquierda y demás corrientes, en el Siglo XXI la cosecha social de la gente gobernada en estas naciones continúa sin réditos, motivo por el cual la mayoría quiere mejores alternativas de gobierno y bienestar “a como dé lugar…” Un escenario de riesgo que podría retrasar considerablemente cualquier meta desarrollista.

Las causas generales de estos hechos pasan por la subversión del orden político, el ocaso de ciertas ideologías y su fracaso recurrente; ergo, el paso del tiempo, circunstancias diferentes y más demandas comunitarias contrastan con estos estilos de gobierno, invitando a la ciudadanía a generar métodos y sistemas políticos conforme a sus expectativas colectivas de bienestar y convivencia.

Las doctrinas suelen emerger ante circunstancias coyunturales y convicciones especiales, similares a las que actualmente agitan algún que otro seno social. Los modelos anteriores, no son buenos ni malos en sí mismos, y posiblemente hayan sido necesarios, válidos y aplicables en determinadas ocasiones, pero las necesidades del hombre de ayer difieren de sus premisas de hoy; los propios sucesos enmarcan las carencias de las personas, transforman los escenarios y movilizan a la gente en razón de sus penurias, por lo tanto, los sistemas también deben adecuarse a la coyuntura.

Quizás entonces la gente afectada podría debatir estos temas enfocándose en las consecuencias adquiridas por emplear ciertos paradigmas, en vez de defender -apasionada y ciegamente- aquellos fundamentos ideológicos que hoy resultan estériles en su práctica. Usualmente, los principios son discutidos con egoísmo, en cambio las consecuencias son debatidas mediante la inteligencia, la razón y sus leyes lógicas. Al caso, la segunda es la favorita en esta eventualidad.

La analogía entre los sistemas políticos y la tecnología actualizada mejora el juicio de estos conceptos, pues su similitud subraya el camino que va de la teatralidad a la realidad. Tres décadas atrás, comunicarse con el prójimo desde cualquier sitio no era tan sencillo como lo es ahora, dado que el tamaño de los celulares, su peso, su señal, su carga y la ausencia de aplicaciones complicaban su objetivo principal y desilusionaban a sus usuarios despertándoles mayores demandas. Al presente, los cambios en estos sistemas durante el transcurso de los últimos treinta años permiten usar equipos de peso imperceptible, y tanto sus beneficios como su evolución sorprenden al mundo cada tanto. Y todo ello merced a la amplitud de criterio, la constancia y el esfuerzo de sus desarrolladores en este lapso, y a la demanda constante de los usuarios que desean más evolución en los teléfonos en pos de su comodidad y bienestar.

Al igual que la utilidad de ese celular de tres décadas hoy estaría a contramano de la tecnología de punta porque sus estructuras y funcionalidades no se ajustan a las exigencias del ciudadano, en el orden social pasa con el rendimiento de esas doctrinas antiguas, a pesar que determinados “románticos” insistan en el escenario político sobre las bondades de ellas tratando de encandilar a sus seguidores mediante discursos pasionales con tal de hacerlos presa de anquilosados paradigmas rancios. En fin, tal vez sea hora de actuar y cambiar las cosas participando activa y pacíficamente, independientemente del lugar en el que la persona esté o resida.

Comunitariamente entonces, decidido el cambio a favor de esta tarea colectiva, en algunos países dejarían atrás ciertos modelos como consecuencia de los grilletes que estos les imponen a sus practicantes, y en otros solamente sustituirían los condicionantes inoportunos por métodos eficaces y eficientes en aras del bien común.

Y tal como el cuerpo humano regulariza el funcionamiento de sus propios sistemas conforme sus prioridades y el universo hace lo propio con su caos, la sociedad puede adaptar sus formas y modos de gobierno atendiendo las exigencias singulares del momento, de lo contrario los políticos instaurados desde siempre, rara vez responderán a sus necesidades y generalmente actuarán alejados de la problemática eventual sin procurar soluciones eficientes a las demandas de la comunidad; la historia contemporánea nos recuerda decenas de casos al respecto.

La sociedad en su conjunto fungirá cambios satisfactorios siempre y cuando, después de poner en marcha un sistema socio-político consensuado, sus integrantes tomen el compromiso social suficiente que realimente su propio rumbo cada vez que, las consecuencias del sistema rector vigente, pongan en riesgo la paz y las demás cualidades proyectadas por la ciudadanía oportunamente.

Oscar


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© Publicado en Punta del Este. Uruguay (noviembre 25, 2018) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.