Los diferentes modos de superación personal y colectiva forman un proceso ambicioso, lento y en marcha desde larga data en este planeta; si bien mucha gente se dedica a ello tratando de esparcir sus semillas de buenaventuras en tierra fértil, también hay otras muchas personas que obstaculizan su conquista. 

Transitar el mundo es inevitable, por ahora residimos aquí,…y quizá resulte oportuno aceptar este hecho de buen grado y obrar en consecuencia a favor de la vida empleando en nuestras acciones verbos y sustantivos que nos relacionen amigable y fraternalmente con el prójimo: tolerar, cooperar, amar, paz, benevolencia, unidad, solidaridad y equidad, entre otros. 

Este principio de trato resulta eficaz, pero cuando se busca una realización especial es conveniente perfeccionar las mejores capacidades propias para actuar consecuentemente en la empresa-objetivo. Las pautas sociales concienzudas posibilitan un ambiente común saludable, y relacionarse constructivamente con los demás da buenos frutos a los involucrados. 

Afianzar la misión de vida empleando los mejores talentos que poseemos –naturales y adquiridos- nos acerca abundancia en varios aspectos; y sí aplicamos las pautas esenciales de sociabilización unidas a las habilidades que nos destacan frente al prójimo creamos una máxima inimitable; generamos un propósito de vida. 

Allende la fortuna corrida por tal formulación, nunca estará de más preservar la distancia debida con la ansiedad, la ambición y la codicia porque ellas suelen entorpecer los deseos, la voluntad y los proyectos de cualquier persona, aunque tales efectos pueden contrarrestarse mediante la fe en uno mismo y el ejercicio recurrente de la paciencia y la perseverancia. 

El lado sinuoso del camino a recorrer es la adversidad; sin embargo ella es el medio que la vida utiliza para perfeccionarnos; los infortunios modelan nuestro carácter, son momentos de crecimiento interior. Cuando una persona emplea su misión de vida a favor del prójimo, hasta su trascendencia es posible; la historia de la humanidad nos brinda testimonio de ello. Y oportunamente la propia experiencia nos rendirá los resultados sobre el particular, pudiendo entonces comprobarse empíricamente qué tantos beneficios y miserias uno ha recibido en tal empeño.

Somos seres humanos y necesitamos nutrirnos, ora mediante las raciones que satisfacen a nuestro organismo, ora por la enjundia y las energías que tonifican las instancias psíquicas y espirituales propias; bondades que normalmente emergerán justo a tiempo para saciarnos.

Permanecer a la espera de los resultados en estos temas es innecesario; las claves para merecer son confiar en el propio obrar y en la singularidad de saber que uno está aquí por alguna razón especial. A la hora de la recompensa, ésta llega, y lo hace de diferentes formas, aún de la menos esperada…aunque tal hecho, imposible nos parezca.

Mas aún resta mucho por hacer para cosechar en este campo el rinde adecuado del bienestar general y el vivir dignamente; todavía gran parte de la sociedad global mantiene con sus pares varias asignaturas pendientes de rendición: compromiso, benevolencia, paz, responsabilidad, compasión, no-violencia y fraternidad, entre otras. Todas ellas materias de curso obligatorio para que la civilización aborde el norte humanitario merecido.

Oscar


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© (junio 18, 2019) Derechos reservados. Prohibida su reproducción para cualquier finalidad y/o su comercialización sin autorización previa del autor.